jueves, 4 de noviembre de 2010

Italianinis al poder (Milan-Real Madrid)

De 12 partidos que el Madrid ha tenido que jugar en el Giuseppe Meazza, casa del Milan, ha perdido diez y empatado dos. Algunos descerebrados hablan de la maldición de San Siro y chorradas parecidas. En fin, que el Madrid va a jugarse las lentejas europeas en el estadio milanista. En el juego de ida, en el Bernabeu, el Madrid le ganó al Milan 2-0. O sea, que todos tranquilos. Los madridistas de bien esperábamos que el equipo se pasara las estadísticas por el forro y que al fin se consiguiera una victoria en suelo italiano.

Antes de que salgan los jugadores al campo, sale Mou, odiado por todos los milanistas ya que cuando entrenaba al Inter se las hizo pasar canutas al Diavolo. El público, como era de esperarse, en cuanto le vio, le abucheó y todo. Mou se limitó a levantar 3 dedos de su mano derecha, lo cual podría traducirse como: he ganado un triplete con su acérrimo rival, así que ajo y agua.

Silbatazo inicial. El Madrid empieza el partido con Di Maria, como siempre, en todas partes. Alonso recibió en cinco minutos más golpes que en todo lo que va de la temporada. Gattuso, el rottweiler milanista repartía mordiscos a diestra y siniestra. O sea, que el Madrid intentaba encadenar sus pases, como les ha enseñado Mou, pero no había manera, entre la imprecisión y la leña que estaban repartiendo los italianos aquello no auguraba nada bueno.

Así y todo, el Madrid pudo abrir el marcador varias veces durante el primer tiempo, pero Cristiano, Ozil y casi todos los madridistas traían el santo de espaldas. Ozil y Cristiano especialmente, acostumbrados a desplegar su talento a pesar de todos los obstáculos que se les pongan en su camino, esta vez se encontraron con Gattuso, Nesta, Boateng y algún otro sicario siciliano con carnet de futbolista. Yo no me acuerdo que cuando jugaba Paolo Maldini fueran tan cochinos y golpeadores los milanistas. Si bien es verdad que como amo a Paolo mi memoria sea un poco selectiva.

En fin, que el Madrid seguía en plan de quiero y no puedo, y los rossoneros pegándole a todo lo que sobresalía del césped. Si era la pelota, pues paciencia, y a pegar otra vez. El Milan no llegaba al arco madridista, su medio campo se encontraba fracturado, pues Pirlo estaba acorralado, jugando más cerca de Iker Casillas que de los delanteros italianos. Y ya se sabe, cuando el pequeño director de la orquesta milanista no está fino, o está bien marcado, este Milan no furula, como dice un amiguito mío.

Casi al final del primer tiempo, un pase divino de la muerte de Di María al Pipa Higuaín, se convirtió en el primer gol del Madrid. El madridismo celebraba y los tifosi italianos estaban atacados. Mou se las volvía a hacer. Y a domicilio.

Tras el descanso, el Madrid entró confiado en su fuerza y juventud. Han de haber pensado que los viejitos estos del Milan, a excepción de Alexandre Pato, no les iban a poder hacer ni cosquillas. Para chulos, ellos y después Mou. Pero Massimiliano Allegri se reservaba un as bajo la manga. El tramposo.

En vista de que Ronaldinho sigue MIA, Allegri mandó en sustitución del brasileño, al insumergible Pipo Inzaghi. Super Pipo entró en el minuto 60, para recordarle al Madrid que no ha podido ni podrá ganar en el Giuseppe Meazza mientras él, último de un Milan de época, tenga algo que decir en el campo. En diez minutos Inzaghi había anotado dos goles. El segundo en fuera de lugar, pero a Pipo se le perdona, porque como dijo Sir Alex Ferguson, Inzaghi nació en fuera de lugar.

Y como a partir del minuto 78 el Milán le había dado vuelta al marcador, los jugadores rossoneros empezaron a sufrir calambres, golpes, torceduras, acidez, etc., todo diseñado para perder tiempo. Un tiempo que al Madrid le era precioso. Pero bueno, a estas alturas los madridistas de bien ya nos habíamos desmayado (a la italiana) y ya habíamos vuelto en nosotros varias veces. Las caras de los jugadores madridistas lo decían todo. Habían perdido el tiempo tratando de imponer su juego ante un equipo melancólico como el Milan, y habían perdido la apuesta.

Pero Mou no iba a permitir que lo vencieran a él como entrenador en la casa del Milan. A escasos minutos del final metió a Benzema y a Pedro León. La conexión resulto. Un pase filtrado de Benzemá entre un mar de piernas milanistas, le llegó a León, que tiró a portería más en plan de perdidos al río, que de otra cosa. Y el balón se escurrió entre las piernas de Abiati y entró a la portería. A base de puro valor y de suerte, si se quiere, el Madrid le arrebató al Milan un punto. Los milanistas no lo podían creer. Les dieron una sopa de su propio chocolate y en el último minuto de juego, habían perdido los tres puntos que ya contaban en su bolsillo. Con este resultado el Madrid está clasificado matemáticamente a octavos de final. El Milan tendrá que arrebatarle al Auxerre el segundo lugar del grupo. Parece tarea fácil, pero con estos franceses nunca se sabe. No son confiables ni en la derrota.

NOTA: En el juego de ida en el Santiago Bernabeu, Mou comentó que ojala que Allegri no alineara a Pipo Inzaghi. Cuando lo escuché pensé: qué cachondo el Mou, si Pipo está ya medio acabado y se mueve menos que un cono de obra. Y nada, que Mou tenía razón, oyes. Si no es por Inzaghi, el Madrid le hubiera ganado al Milan por primera vez a domicilio. Lo que diga mi marido Mou.

Real Madrid: 2- Pipa Higuaín y Pedro León, que ya se ha hecho perdonar de Mou con esta anotación tan necesaria.

Milan: 2 – Super Pipo al rescate. Es un tramposo y un cochino pero es simpático. Y es italiano.

Madridista del partido: Mi marido Mou. Por algo lo odian los tifosi rossoneros.

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