A raíz de la nota que se publicó en el Diario el día de hoy, donde supuestamente César Nava, líder nacional del PAN le pide al presidente Calderón que pacte con el narco, se armó un revuelo tremendo. Ya luego se supo que la persona que habló al Diario no era César Nava, pero ese es un tema aparte.
Lo que a mi me llama la atención es que se haya contemplado la posibilidad de pactar con el crimen organizado. La teoría general del Estado nos indica que para que un Estado sea viable, el monopolio de la violencia debe tenerla el Estado y nadie más. El pacto social entre el pueblo y el Estado consiste en que el pueblo deja en manos del Estado algunas de sus libertades en el entendido de que éste a su vez, le garantiza al pueblo protección y seguridad. En el momento en que el Estado falle en proporcionar estas dos cosas al pueblo, el pacto social queda roto. No digo que irreparablemente, pero las condiciones desde luego cambian.
Negociar un pacto o tregua con el crimen organizado no es viable. Porque significa que el Estado reconoce su incapacidad para ejercer el monopolio de la violencia, y admite tácita o explícitamente que otras entidades, en este caso, el narco tiene más poder de fuego, más efectivos y que le ha arrebatado al Estado la prerrogativa de reprimir con violencia a unos cuantos para proteger a la mayoría.
Además, en el momento en el que el pueblo siente que el Estado no le protege, se dan las condiciones para que surjan grupos de autodefensa que se convierten en comandos paramilitares, como sucedió en Colombia, con la consecuencia de que emerjan figuras siniestras como los hermanos Fidel, Carlos y Vicente Castaño, que empezaron combatiendo a la guerrilla de izquierda, y terminaron convirtiéndose en grupos guerrilleros, pero de derecha.
La población civil colombiana, atrapada entre dos fuegos, fue desplazada de sus pueblos y pequeñas ciudades, y es la hora que no han podido recuperar sus tierras ni llevar una vida remotamente normal.
El problema del tráfico de drogas, y la violencia derivada de allí, no es algo que se vaya a solucionar a corto plazo. Haría falta tener unos cuerpos de policía que no fueran tan corruptos, y ese no es el caso aquí en nuestro país. Al contrario, haber sacado al ejército y a la armada a combatir al narco a las calles, ha provocado muchos incidentes de abuso de autoridad y de muertes de civiles inocentes. En mi opinión, el presidente no debió haber lanzado al país a una guerra abierta contra el narco sin una estrategia a largo plazo que le asegurara si no la victoria, por lo menos el que el Estado hubiera logrado hacerle tanto daño al narco que no le permitiera levantarse en varios años.
Sin embargo, ya que se ha lanzado abiertamente a la guerra, ahora no puede aceptar ni proponer ningún tipo de tregua ni pacto con el crimen organizado, mas que nada, porque sería reconocer abiertamente ante la población que el Estado ha perdido el poder y que los que mandan son los delincuentes.
La legalización de las drogas tampoco es una solución a largo plazo, porque, si los narcos dejan de percibir las ganancias estratosféricas que tienen ahora cuando les hagan lícito el negocio y paguen impuestos como pagamos todos, ¿qué va a pasar con el aparato sicarial de todos los cárteles? ¿Se resignarán a trabajar por un sueldo miserable como el resto de la población, o seguirán secuestrando y extorsionando para complementar sus ingresos? Eso, sin contar con que la adicción a las drogas se convertiría en otro problema igual de grande.
El fin de la ola de violencia en el país, y particularmente en la ciudad, no se ve cercano. No mientras la policía sea una institución acabada por la corrupción. No mientras los narcos tengan manera de salvaguardar sus millones de dólares mal habidos, con los que compran policías, ministerios públicos, jueces, etc. Tal vez habría que mirarnos en el espejo de Colombia, y rescatar las medidas que sean aplicables a nuestro país para arrancarle a la delincuencia organizada el control de ciudades estratégicas como la nuestra. La ciudad de Medellín, en Colombia, estuvo una vez en la situación en que estamos nosotros ahora, y salieron de ese callejón. Pero, definitivamente, no al pacto. Ese no es el camino.
SECCION DEPORTIVA
Hoy jugó mi amado Real Madrid, y yo, que soy una bestia cuadrafónica no me acordé de grabar el partido. A ver ahora cómo escribo mi artículo. Pero bueno, ya me enteré que ganamos, por la mínima diferencia, pero ganamos. Lo que diga mi marido Mou.
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